jueves, 2 de mayo de 2013

Mis Diez Años con el Padre Hernán Pérez Etchepare

Me lo presentó una amiga de ambos: Mariana Baglietto. Estaba sentado en su oficina, detrás del escritorio. Una oficina llena de libros, papeles, íconos, cuadros..... Todo revuelto. Me gustó su acogida, campechano, abierto, joven, risueño. Con los años aprendí que recibía a todo el mundo de la misma manera. Se habló poco en esa reunión, estaba apurado. Cuando se enteró que tenía algunos poemas escritos me invitó a mandárselos: “Si me gustan, dijo, te los publico en la Liturgia. Y así fue. Gracias a él yo comencé a escribir más seguido y a estudiar Literatura.

Pocos meses después, lo encontré en la casa de las Paulinas. Era el cumpleaños de la Hermana Virginia Élida Romero, su íntima amiga y también, con el tiempo, mía. Celebró misa y pasamos al lunch. Me atreví a acercarme y hablarle, sólo nos tratábamos por e-mail. Cuando me di a conocer me comentó que mis poemas le gustaban. Eran sencillos y hablaban de la vida, me dijo. También habló de que tenía muchísimo trabajo. En un impulso que vino desde dentro, me ofrecí a ayudarlo. Me miró seriamente y preguntó: “¿En serio lo decís?” Asentí con la cabeza. “Llamame mañana” y saludando se retiró. Así comenzó nuestra relación laboral. El Padre me dio muchos libros y yo tenía la misión de elegir de entre ellos y de los que le llegaban por correo, los poemas para la Liturgia Cotidiana.

Cierto día se me ocurrió decirle “¿Por qué no les ponés los e-mail bajo el nombre?” Y aquí comenzó el intercambio entre los poetas y mi persona. Empecé a conocer sus problemas y dificultades y terminé amándolos. Todos teníamos el mismo problema: nadie a nuestro alrededor nos daba importancia y nos sentíamos solos en la dificultosa y a la vez amada tarea de escribir. Lo charlé con Hernán. Me miró fijo y me dijo: “Vamos a armar un concurso de alcance nacional y también me gustaría abrir un Café Literario y que vos lo conduzcas ¿Qué te parece?”Hernán,-le dije- yo organizaba eventos y Congresos médicos. No se nada de Cafés Literarios” “Averigualo”, dijo y dio por terminado el tema.

¡Tengo tanto para contar! Pero voy a abreviar: en Junio del año 2007 dio comienzo el “Café del Abrazo Literario”, primer café católico del país. El Padre Hernán hacía muchísimas cosas: Director de la Liturgia Cotidiana y de la Hojita del Domingo de Editorial San Pablo, Pastoral Carcelaria, Pueblos Originarios, Diálogo Ciudadano e Interreligioso etc.; pero sin duda, su pasión mayor, porque lo llevaba en el alma, era la poesía. El Café Literario y sus poetas eran su pasión. Paradójicamente, cuando falleció y salió su historial, en ningún lugar se mencionó esto, pero yo doy fe que fue así.

Pasaron diez años desde el primer día que lo vi. En este lapso llegué a conocerlo a fondo y él a mí. Nos mirábamos y ya sabíamos lo que queríamos decirnos ¡y nos reíamos, vaya si nos reíamos! Él era pura simpatía. Risueñamente me llamaba "Sor Leonor", porque encontró parecido entre "Sor Leonor Maturana" y yo, y decidió bautizarme. Pero también tuvimos nuestras peleítas, naturales en toda relación humana. Sobre todo cuando me decía "Llamame" y era imposible encontrarlo. O el día de un Café de Diciembre del 2008, que no avisó y se fue a dormir la siesta y no podíamos encontrarlo por ningún lado y la gente se impacientaba porque no empezábamos. Cosas como esta hubo cientos, pero era imposible estar enojada mucho tiempo. Él hablaba de que el AMOOOR (textual) perdona todo y con cualquier monería hacía olvidar el mal momento.

En Septiembre del 2011 me llamó y me comentó su grave mal y que lo iban a operar. Sentí como que una mano me apretaba el corazón, pero no me puse a llorar porque entre nosotros sólo hubo alegría y no quería entristecerlo más de lo que estaba, sobre todo porque había tenido que suspender su viaje tan soñado: “El camino de San Pablo Desde este momento fue un ida y vuelta de comunicaciones, dado que los dos estuvimos internados en diciembre al mismo tiempo y por las noches, cuando nos quedábamos solos cada uno desde su lugar de dolor, nos mandábamos mensajes. Cuando nos despedíamos yo siempre le decía: "Te mando el ángel", y una noche en que se ve que sus dolores eran superiores a sus fuerzas, me dijo, "Mandame a todas las Jerarquías".

A principios de Enero del 2012, fui a visitarlo. Sentados en su preciosa terraza, mezcla de jardín y vivero, recordamos mil cosas y nos reímos de otras mil. En ningún momento tocamos el tema de su salud. Cuando me iba me dijo: "Llevate una planta". Nunca en diez años me había ofrecido ninguna. Sentí dentro de mí que era su despedida. Sabiendo como las adoraba le dije: "No Padrecito, otro día", pero él eligió tres y me las regaló. Cuando me estaba yendo, me abrazó y me dijo: "Sos una buena mina". Esta última frase y sus plantas fueron todo su legado a mis diez años a su lado.

Dios me hizo el obsequio de conocer y trabajar junto al Padre Hernán. Nunca podré agradecerle semejante regalo. No quiero llorarlo, prefiero recordarlo haciendo “El camino de San Pablo y pensar que, en algún momento, en algún punto, nos vamos a encontrar nuevamente.

Elsa Lorences de Llaneza

Aún presente…

Me siento frente al teclado de la computadora para comenzar a escribir sobre Hernán… aún hoy no puedo evitar de que alguna lágrima se me escape… pienso en las personas que Dios nos pone en el camino para indicarnos cuál es la senda que debemos seguir para cumplir con la tarea que Él nos tiene asignada.

En mi vida como agente de pastoral, comunicador y presidente de una ONG, fueron pocos los mentores que me ayudaron a formarme en responsabilidad y compromiso en la tarea de comunicar. Entre ellos, Hernán ocupa un lugar muy importante, al extremo tal que le pedí que él fuera el sacerdote quien – cuando llegara el momento - le diera la Primera Comunión a mi hija María Ariadna. Su respuesta fue inmediata: aceptó gustosamente; se sentía muy halagado y contento… Pero a veces los caminos de Dios son otros…

A Hernán lo conocí hace mucho tiempo atrás. Fue por el año 1997 cuando lo vi por primera vez. El modo con el que habló conmigo me impresionó. En ese entonces yo colaboraba en la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud. Junto al Dr. Ricardo Munafó Dauccia, estábamos en pleno proceso de realización de proyectos relativos a la prevención del SIDA. Era la primera vez que la Iglesia de Argentina tenía la oportunidad de utilizar los medios de comunicación - propios - para poder transmitir un mensaje con valores en este tema tan delicado como lo es el HIV.

Fue así que cuando nos dirigimos a la Editorial San Pablo para pedir un compromiso de colaboración de esta prestigiosa empresa, y sumarla al proyecto, pensamos, junto al Dr. Munafó, que la “Hojita del Domingo” era el medio por excelencia para llegar directamente al público de todo el país. Fue en esas circunstancias que nos reunimos por primera vez con quien era su Director, el Pbro. Hernán Pérez Etchepare.

Desde el primer día en que lo conocí percibí que este “cura” era diferente al resto, por su actitud, por su estilo, por su comprensión, por su integridad y, sobre todo, por su disponibilidad.

A los pocos años comenzó a convocar a comunicadores para participar en pequeñas reuniones, como para poder compartir experiencias y pensar en un proyecto de común-unión entre los mismos. Ahí fue cómo conocí mejor a Hernán, un tipo único, con la palabra y el gesto justo, dispuesto a realizar lo que sea, para poder seguir adelante con la difusión del mensaje de la Buena Nueva. 

Cuando a fines de 1999 le comenté que estaba en pleno proceso de fundar una asociación civil sobre medios de comunicación, me puso una mano en el hombro (con la otra sostenía el mate), me miró y me dijo que debía hacerlo, que no dudara, que el Señor me había llamado a ocupar un espacio. Por un momento pensé que quizás exageraba. Con el tiempo me di cuenta que no…

Cuando ya había conformado la Asociación ANUNCIAR, él tuvo una gran alegría por este nuevo emprendimiento que había hecho nacer, y lo convoqué para que fuera miembro de la Comisión Asesora Interdisciplinaria. Pero me dijo que no, que estaba con muchas cosas, pero…, que sí… que iba a ser mi asesor personal, que lo intentaría hacer lo mejor posible, contando con la ayuda del Señor, para poder orientarme y acompañarme en las decisiones que realizara, pero que nunca me influenciaría en nada: la última palabra siempre la tendría yo.

Fueron muchas las tardes que me esperaba en su oficina con unos mates amargos y unas ricas medialunas. Allí, Hernán fue “Padre” de un “hijo” que necesitaba la contención, la escucha, la palabra de aliento y sabiduría que fueron marcando un camino, un rumbo… y donde, luego, nos sumergíamos en una oración en común… Ambos pedíamos por nuestras tareas pastorales y, sobre todo, rezábamos cada uno por el otro.

Desde el momento en que lo conocí, hasta que comenzamos a transitar este camino de la comunicación, entre sus flores que amaba con pasión y el fumar algún que otro cigarrillo en la terraza de la Editorial (con algún reto de mi parte, que me atreví darle cuando éstos lo hacían toser), fue creciendo un cariño muy especial, ya que Hernán se hacía querer. Era un tipo al cual no podías no quererlo: siempre te recibía con una sonrisa, nunca te decía que no podía… estaba dispuesto. Sea personalmente, telefónicamente o vía mail… Hernán estaba…

Aunque no lo veamos hoy en medio de nosotros físicamente, Hernán sigue estando, porque los que lo conocimos y compartimos – mucho o poco – con él, nos marcó, nos quemó la cabeza, nos llegó y se instaló en nuestro corazón. Porque Hernán era así, el te daba su amistad, su buena onda, su amor: se daba por completo.

Siempre me animó cuando quise dejarlo todo, cuando a veces los hombres no nos ponemos de acuerdo y todos queremos ser “caciques” y queremos estar por arriba del otro. Hernán siempre me decía, colocando su mano en mi hombro: “Alfredito, Alfredito, si dejás todo, si largás todo esto que venís haciendo… ¿quién lo va seguir? ¿Quién lo va hacer?… Dios te quiere en la “Iglesia del Aire”, el no te va abandonar, te lo aseguro y tampoco yo que soy tu amigo… contás conmigo… ¡Ah! una cosa, me comprometo a rezar por vos…” - me decía – “para que no te hagas tantos problemas, no te amargues tanto y Él te dé mucha paciencia…, porque la vas a necesitar con nosotros: los curas…”

En síntesis: Muchos aún nos preguntamos por qué se fue. O a veces le pregunto a Dios, “el por qué” de su partida, pero bueno… quizás estas preguntas tendrán su respuesta, cuando en el atardecer de la vida seamos juzgados en el amor, y a lo lejos, reconozcamos una figura que nos salga a recibir en algún paraje celestial – siempre si somos dignos de eso - allí, entre aquellos que amamos… veremos a Hernán… esperándonos con una sonrisa.

Gracias Hernán por todo, hoy ANUNCIAR te honra y te recuerda así, con un Estudio que lleva tu nombre, pero sobre todo, con las ganas que vos tenías de comunicar el mensaje de Aquél que es, que era y que vendrá...

No te digo adiós, sino hasta luego, amigo…

Alfredo Musante

miércoles, 1 de mayo de 2013

La fe compartida nos dice que vive

Siempre escribí acerca de una enorme variedad de temas, sin embargo, en febrero de 2012 fue la primera vez que tuve que escribir por la despedida de un amigo. El 27 de enero, con 47 años cumplidos el 16 de noviembre de 2011, fue la pascua del padre Hernán, director de las publicaciones periódicas de editorial San Pablo (El Domingo, La Hojita de los niños, La liturgia cotidiana y otras) e impulsor de muchas actividades e iniciativas como religioso paulino (activo promotor del diálogo interreligioso, entusiasta difusor del arte iconográfico, partícipe de Diálogo Ciudadano y algunas cosas más, tan significativas o más que las que acabo de mencionar).

Si hubiera sido un discurso formal tendría que haber resaltado el espíritu de camaradería y el entendimiento con que nos manejamos siendo codirectores de La Hojita de los niños y el respeto con que se hizo cargo de El Domingo teniendo en cuenta que yo era el redactor de la página cuatro desde hacía tantos años. Pero como no fue un discurso formal, pude permitirme contar que siempre –o casi siempre– terminábamos las reuniones de trabajo en la terraza para que él pudiera fumar al aire libre rodeados de sus multitudinarias plantas, mientras yo bebía alguna gaseosa sin azúcar aceptable para mi diabetes.

Así que escribí que Hernán fue un apasionado por la comunicación y que consagró su vida a Jesús; y reforcé esa idea subrayando que fue un buen tipo. También dije, en ese momento, que me hubiera gustado escribir algo inmediatamente en El Domingo y en La Hojita, pero por la dinámica con que se hacen esas publicaciones, recién pude hacer alguna mención para julio. Los lectores siguieron leyendo su nombre como si no hubiera muerto, porque los periódicos ya estaban impresos con un montón de anticipación.

Y, en realidad, fue mejor.

Porque sabemos que no murió; aunque lo estemos llorando todavía. Aunque nos tropecemos con su recuerdo y nos dé bronca que ya no esté.

Sabemos que no murió porque la fe compartida nos dice que vive.

Juan Carlos Pisano